domingo, 6 de noviembre de 2011

Si no conoce sus verdaderos valores preparese para el dolor

La única forma de sentimos felices y realizados alguna vez y a largo plazo consiste en vivir de acuerdo con nuestros verdaderos valores. Si no lo hacemos así, seguro que vamos a experimentar un dolor intenso. A menudo, la gente desarrolla pautas habituales de comportamiento que la frustra o la puede destruir potencialmente: fumar, beber, comer en exceso, abusar de las drogas, intentos por controlar o dominar a los demás, dedicarse a ver la televisión hora tras hora, etcétera.

Si tomar decisiones es algo tan sencillo y poderoso, ¿por qué no hay más gente que siga el consejo de «Simplemente, hágalo»? Creo que una de las razones más sencillas es porque la mayoría de nosotros no sabemos lo que significa tomar una verdadera decisión. No nos damos cuenta de la fuerza de cambio que crea una decisión congruente y comprometida.

Una parte del problema estriba en que la mayoría de nosotros venimos utilizando durante demasiado tiempo el término «decisión» de una forma tan imprecisa, que ha terminado por significar algo así como una lista de deseos. En lugar de tomar decisiones, seguimos afirmando preferencias. Tomar una verdadera decisión, a diferencia de algo así como «Me gustaría dejar de fumar», significa descartar cualquier otra posibilidad. De hecho, la palabra «decisión» procede de la raíz latina de, que significa «de», y caedere, que significa «cortar», «escindir». Tomar una verdadera decisión significa comprometerse en alcanzar un resultado, y luego descartar cualquier otra posibilidad que no sea ésa. Cuando decide verdaderamente que jamás volverá a fumar un cigarrillo en su vida, ya lo tiene. ¡Ya está! En tal 6so, ni siquiera tiene que considerar la posibilidad de fumar. Si es usted una de esas personas que han puesto alguna vez en práctica el poder de decisión de esta manera, sabrá muy bien de qué estoy hablando. Un alcohólico sabe muy bien que, incluso después de muchos años de la más absoluta sobriedad, si se engaña pensando que puede tomar una copa caerá, de nuevo. Después de haber tomado una verdadera decisión, aunque sea dura, la mayoría de nosotros experimentamos una tremenda sensación de alivio. ¡Finalmente hemos logrado saltar al otro lado de la verja! Y todos sabemos lo estupendamente que nos sienta tener un objetivo claro e incuestionable.

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