La única
forma de sentimos felices y realizados alguna vez y a largo plazo consiste en vivir
de acuerdo con nuestros verdaderos valores. Si no lo hacemos así, seguro que
vamos a experimentar un dolor intenso. A menudo, la gente desarrolla pautas
habituales de comportamiento que la frustra o la puede destruir potencialmente:
fumar, beber, comer en exceso, abusar de las drogas, intentos por controlar o
dominar a los demás, dedicarse a ver la televisión hora tras hora, etcétera.
Si tomar
decisiones es algo tan sencillo y poderoso, ¿por qué no hay más gente que siga
el consejo de «Simplemente, hágalo»? Creo que una de las razones más sencillas
es porque la mayoría de nosotros no sabemos lo que significa tomar una
verdadera decisión. No nos damos cuenta de la fuerza de cambio que crea una
decisión congruente y comprometida.
Una parte
del problema estriba en que la mayoría de nosotros venimos utilizando durante demasiado
tiempo el término «decisión» de una forma tan imprecisa, que ha terminado por significar
algo así como una lista de deseos. En lugar de tomar decisiones, seguimos afirmando
preferencias. Tomar una verdadera decisión, a diferencia de algo así como «Me gustaría
dejar de fumar», significa descartar cualquier otra posibilidad. De hecho, la
palabra «decisión» procede de la raíz latina de, que significa «de», y caedere,
que significa «cortar», «escindir». Tomar una verdadera decisión significa
comprometerse en alcanzar un resultado, y luego descartar cualquier otra
posibilidad que no sea ésa. Cuando decide verdaderamente que jamás volverá a
fumar un cigarrillo en su vida, ya lo tiene. ¡Ya está! En tal 6so, ni siquiera
tiene que considerar la posibilidad de fumar. Si es usted una de esas personas
que han puesto alguna vez en práctica el poder de decisión de esta manera,
sabrá muy bien de qué estoy hablando. Un alcohólico sabe muy bien que, incluso después
de muchos años de la más absoluta sobriedad, si se engaña pensando que puede tomar
una copa caerá, de nuevo. Después de haber tomado una verdadera decisión,
aunque sea dura, la mayoría de nosotros experimentamos una tremenda sensación
de alivio. ¡Finalmente hemos logrado saltar al otro lado de la verja! Y todos
sabemos lo estupendamente que nos sienta tener un objetivo claro e
incuestionable.
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